Oct 30

El arraigo del castellano en la Hoya de Buñol

Desde principios del siglo XIX el nacionalismo alemán asoció de forma muy estrecha la nación al idioma materno, convertido en el alma mater de la primera. Tal planteamiento negaba buena parte de la tradición política europea, en la que bajo un mismo monarca se encontraban reinos con leyes e idiomas distintos, que coexistían sin mayores problemas.

Compartir el mismo idioma no se traducía en un Estado unificado y sin fisuras, como prueba la fragmentación política auténtica del Sacro Imperio Romano Germánico, punto de arranque de las contemporáneas Alemania y Austria. La Confederación Helvética aún preserva la antigua idea de deslindar cohesión estatal de uniformidad idiomática.

La misma variedad se dio en la antigua Francia, donde la diversidad cultural se mantuvo hasta la Revolución e incluso mucho más allá. A este respecto España no es ninguna excepción europea.

En la Corona de Aragón encontramos la misma situación, sin ningún tipo de conflicto lingüístico, al igual que dentro del antiguo reino de Valencia, donde el árabe se continuó empleando en muchas zonas, como la hoya de Buñol.

En el año 1602 la población morisca de Buñol era de unas 214 familias, resultando controvertido el número de personas que abrazaría tal magnitud. Tras la expulsión de los moriscos del reino en 1609 la localidad quedó casi deshabitada y el 30 de julio de 1611 don Gaspar Mercader, conde de Buñol, otorgó carta puebla para subsanarlo.

A su llamada acudieron 16 cabezas de familia del reino de Valencia (2 de Siete Aguas), 7 del de Aragón, 6 de la Corona de Castilla (3 de Requena), 2 de Cataluña y 2 del reino de Mallorca.

En 1646, cuando se establezcan nuevas condiciones de poblamiento, encontramos 47 de procedencia valenciana (6 de Siete Aguas), 19 castellana (9 de Requena y 2 de Utiel), 17 mallorquina, 5 catalana y una desconocida.

La primera carta se redactó en latín y en valenciano, pero hoy en día las gentes de Buñol, de gran valencianía sentimental, emplean el castellano churro o de influencia aragonesa, lo que viene a demostrar la variedad cultural de nuestro territorio más allá de las fantasías pancatalanistas que niegan el pan y la sal a todo lo relacionado con la lengua castellana, también el idioma materno de muchos valencianos.